Te busqué por todos lados
y jamás te encontré.
Navegué por mis sueños,
transité mis temores,
te recordé en fotos,
me sumergí en las ilusiones
y me desperté en la realidad.
Creí que en tus ojos
podía escribir mi confianza.
Hasta llegué a pensar
que algo injusto
te había alejado de mi lado.
Por supuesto, estaba equivocado.
Te busqué por todos lados
y jamás te encontré.
De la nada apareciste de vuelta.
Sin dar explicaciones rogaste no hallarme.
Parecías extraña, otra persona.
Tus ojos ya no me eran confidentes.
Me di cuenta que tu alejamiento fue culpa mía.
Pero nunca reaccionaste.
Me preocupé y a tu disposición me puse.
Entregado a tus solicitudes, quejas y alegrías
pensé que podía retornar a una alianza.
Por supuesto, estaba equivocado.
Te dejé de buscar
y finalmente apareciste.
Mi esperanza era volver a reír,
ser el oído de tus palabras,
buscar la solución a tus problemas,
estar a tu disposición todo el tiempo.
La diferencia es que ésta vez
realmente te necesitaba.
Requería de un oído y de un abrazo.
Si te busco es por que te preciso.
No supiste verlo.
Creíste que otra vez
iba a estar rendido a tus pies.
Por supuesto, estabas equivocada.
Lucas Seoane. 24 de enero de 2008.